GUERRA a la COCA …

Desde hace varias décadas ya es la consigna que resuena en las tierras andino-amazónicas, cuna de Erythroxylum Coca, la planta sagrada de los Andes: guerra a la Coca…

El objetivo oficial declarado es la destrucción de los cocales, los cultivos de Coca, para evitar la producción artificial de clorhidrato de cocaína, el conocido polvo blanco. 

Teniendo en cuenta la realidad multifacéticas de la sagrada planta andina, sin embargo este objetivo está mal expresado, si no francamente falso.

De hecho la producción de drogas en general, incluyendo el clorhidrato de cocaína, no sufrirá ninguna baja hasta que se mantenga la dinámica de la demanda en los mercados nacionales e internacionales, aunque desaparecieran del planeta todos los arbustos de Coca hasta el último, así como todas las otras plantas que pueden ser materia prima de sustancias artificiales de abuso.

Entonces, según las dinámicas de mercado, la comercialización de drogas también obedece a la ley de demanda y oferta.

Es obvio que, si no existiera el mercado de las drogas, las plantas alcaloideas cumplirían con sus funciones naturales en la biodiversidad y la cosmovisión; de hecho a nadie nunca se le ocurrió sacar drogas de la Coca de los Andes, que existe desde hace 5000 años, hasta que apareció la demanda de las mismas en los mercados mundiales.

Y, por no omitir nada, aunque incluso desaparecieran todas las plantas alcaloideas materia prima de drogas, si no bajara la demanda, los mercados seguirían bien abastecidos de las mismas, ya que desde hace tiempo se fabrican drogas sintéticas en los laboratorios…

Por lo tanto, si el fundamento de los planes de erradicación masiva de la planta sagrada de los Andes fuese la eliminación de la llaga de las drogas,  parece que no andamos por buen camino, ya que esa estrategia sólo puede llevar a otros inextricables y peligrosos laberintos…

El ataque frontal contra la oferta de Coca, cuyas hojas pueden ser manipuladas artificialmente, es el eje principal de la guerra a la Coca, evidentemente contaminada e ineficaz, ya que se dirige a un objetivo equivocado, es decir contra una planta en vez que contra el narcotráfico. 

Estamos frente a una situación absurda, en cuanto la guerra a la Coca devora cifras astronómicas en términos económicos, quemando energías preciosas en términos de tiempo y recursos humanos; dirigida contra un falso objetivo, se convierte en la causa de gastos injustificados que necesariamente deben de tener otras razones, quizás más ocultas, no declaradas ni declarables, pero de peso geopolítico y económico ciertamente notable. 

De hecho en  la guerra a la Coca … destacan unas situaciones que conducen a serias reflexiones: en una sociedad global que predica – quizás sólo en palabras – el respeto a las minorías, los  ataques prácticamente destructivos de la Coca andina amputan las raíces culturales de un Pueblo, destinado irreversiblemente a la laceración de su identidad, con las consecuencias inevitables de la fragmentación del tejido comunitario, lo que favorece la infiltración en la realidad andino-amazónica de varias llagas sociales, como alcoholismo, violencia familiar, individualismo, malestar de la juventud, miseria material y moral …

El deniego prejudicial a la valorización de los potenciales beneficios de la Coca andina se convierte en el principal aliado de la proliferación de las redes ilegales de las drogas y del narcotráfico…

La guerra a la Coca se ha convertido en un dictamen mundial, manejado por las Naciones políticamente y económicamente más poderosas, que sacan provecho de la situación de las regiones andino-amazónicas, atrapadas en la falsa guerra a su planta, que los convierte en dependientes, frágiles y fáciles de manipular … de hecho actores de mínima relevancia en la escena internacional. 

Si los que tienen más poder en el mundo aceptan un gasto tan pesado y sin aparente sentido para la guerra a la Coca, debe por cierto haber alguna justificación válida: pienso, por ejemplo, en la instabilidad de los mercados medio-orientales de petróleo, el  nuevo oxígeno de los Países industrializados…  seguramente unos nuevos y abundantes yacimientos para explotar en otras regiones del mundo serían muy bienvenidos.

¿Cómo, entonces, no dirigir esos instintos famélicos hacia el oro negro de América del Sur, inicialmente disponible en Venezuela, que también duerme bajo los cultivos de Coca en las regiones andino-amazónicas,  junto con otras riquezas incalculables, como el gas natural?

Creo que eso sería un motivo más que suficiente para el mantenimiento de las políticas de erradicación de la Coca, con la consecuencia obvia de acabar con su hábitat natural, con daños incalculables a la biodiversidad, rasgando el tejido cultural de las comunidades identificadas en la sagrada Coca verde.

Los grupos indígenas se verían obligados a una nueva exasperante y desesperante diáspora, viéndose privados de sus raíces y de los medios de subsistencia.

Abandonado por su gente, el reino de la sagrada Coca verde se convertiría en un desierto listo para la explotación interesada de sus recursos naturales y para la construcción de bases militares, para el control geopolítico de América del Sur, nuevo y recurrente atentado, en violación de la cosmovisión andina…

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